Victus de Albert Sánchez Piñol

La
magia de la radio me descubrió, lo que ya ese día intuí, una de mis mejores
lecturas del año: Victus de Albert Sánchez Piñol y publicada por la editorial La Campana.

No
me lo pensé dos veces. Tenía que leerla. Me quedé prendado con las palabras del
autor; quería vivir aquello que estaba escuchando.

Sí,
puse el listón muy alto de mis expectativas. Pero que goce te da verlas
cumplidas, pues Victus es un novelón
de principio a fin.

Está
claro que tenía mucho ganado, ya que lo anteriores trabajos de Sánchez Piñol me habían cautivado, pero
existía el riesgo del cambio de lengua. El autor siempre había escrito en
catalán y es complicado dominar más de una lengua como ha demostrado hacer el
escritor.

Me
pareció interesante la respuesta que dio en una entrevista en el programa Página 2 de TVE2 al respecto del cambio de lengua. Dijo que: «la había escrito en castellano para poder
alejarse de la historia y así poder ser más objetivo
».

Llegados
a este punto, y para entender las anteriores palabras, sería bueno que os
explicara en forma telegráfica de que trata Victus.
La novela se centra en la cadena se sucesos que culminaron con el asedio de
Barcelona y la ocupación final por parte de las tropas borbónicas el 11 de septiembre de 1714. Creo que
ahora lo podéis entender mejor, pues aquel día, el pueblo catalán perdió sus
libertades, de ahí, que el escritor catalán necesitara alejarse de la historia
para no dejarse llevar por el corazón, cosa que hubiera frustrado a mí entender
la novela.

Supongo
que el momento actual que vivimos en Cataluña, y las similitudes que se pueden
encontrar en la obra, hacen que uno la viva de forma diferente y sobre todo más
intensa.

En
el programa de televisión antes referido, también se le preguntó por lo
oportuno de su salida a la venta, pero como bien explicó: «una novela de este calado no se hace en dos días». Comentó que
llevaba más de diez años detrás de ella en un proceso de documentación
faraónico para poder «contar la verdad,
toda la verdad y nada más que la verdad
».

Yo
no soy historiador, y no me pondré a juzgar si eso o aquello se ajusta más o
menos a la realidad. Lo que sí he hecho es creer en las palabras del autor al
asegurarme que todo lo que está escrito está documentado y por tanto fue así, y
sobre todo, lo que he hecho es disfrutar de pleno y sumergirme en la historia
como si yo fuera uno de esos barceloneses.

Es
por ello que, en más de un momento de la lectura, he tenido una súbita subida
de rabia al leer lo que leía y hacer el juego de extrapolarlo a la actualidad.
¿Se podrían cometer los mismos errores? ¿Estamos tan indefensos? ¿Son lo
políticos unos titiriteros y nosotros sus títeres? Aunque también existen
imágenes alentadoras al respecto, como cuando se explica que los barceloneses
se plantaron durante dos días en la Plaça
de Sant Jaume
(centro de la ciudad), a modo de los indignados, e hicieron
cambiar el voto de los políticos con dicha movilización pacifica y silenciosa.

No
los he contado, pero estoy casi convencido que Victus es la novela a la que más twetts le he publicado. Toda ella está repleta de buenas frases, de
momentos para apuntar, para recordar, para compartir. Mirar si he publicado tweets que esto pensando en hacer una
entrada tan solo dedicada a ellos.

Creo
que una de las mayores virtudes del libro es la elección del narrador y es
hacerlo acompañar de buenos personajes de ficción que enriquecen al narrador y
hacen vibrar al lector al encontrarse con momentos muchos más humanos.

El
narrador elegido es Martin Zuviría, del que el autor explica que tiene cinco
constancias escritas y documentadas de su participación el los hechos y de
situaciones vividas a lo largo de su vida. Una de ellas es que acabó en la
corte de los austrias con una paga
vitalicia, y es ahí donde comienza la historia. Zuviría tiene 98 años y contrata a una secretaria para que le
escriba sus memorias. Y antes de seguir y a modo de tirada de orejas para el
autor, creo que no lleva a nada la relación existente entre Zuviría y su secretaria a la que veja
continuamente, aunque en un momento de la novela le pedirá disculpas, más con
la boca chica, para poder continuar con la narración, pero como digo, no lo he
visto necesario, aunque quiero pensar que el autor lo utiliza para explicarnos
un poco más sobre el carácter del mismo. Ya veréis que no es un personaje al
que queráis tener como amigo.

Como
escritor me ha picado la curiosidad saber exactamente cuáles son esas cinco
referencias y como ha montado, a partir de ellas, toda la novela. Sánchez Piñol hace un trabajo de
ingeniería literaria durante todo el libro poniendo el punto más humano en esos
secundarios que compartirán escena con el nombrado Zuviría. Quizás en algunos momentos pase demasiado rápido por según
que acontecimientos, pero también se tiene que entender que el número de
páginas no puede ser infinito.

El
autor, aun cambiando de registro y género, no pierde su pulso narrativo y sigue
siendo fiel a su conocido tono gamberro que podemos encontrar en múltiples
imágenes de la novela, principalmente concentradas al inicio de esta y que nos
harán sonreír, cosa difícil, tratándose de una tragedia.

Victusserá polémica (no sé si es la intención) al poner en duda la versión
oficial de los dos bandos y ceder el testigo a los auténticos protagonista de
la historia: engrandeciendo la figura del general Villaroel, más bien
olvidado por la historia y que según parece defendió la capital catalana hasta
sus últimos momentos, aún siendo castellano; no dejando muy bien parado al
venerado Casanovas, uno de los pasajes que seguro generaran más polémica
al ser el héroe oficial del bando catalán; dilapidando la imagen Carlos
III
, aunque tampoco me ha sorprendido; tachando de cobardes a algunos
de los capitanes catalanes, como en la escena de Mataró que pudo cambiar el
signo de la guerra; y tantos y tantos momentos que nos abren los ojos a otra realidad.

Sobre
Victus se podría estar escribiendo y
escribiendo. Os he de confesar que no acabo de estar muy satisfecho con la
reseña. No sé, tengo la sensación que me ido por las ramas y que el libro merecía
mucho más. Que me he dejado mil cosas por explicar.

Y
para finalizar os diré que Victus
para mí es: intensa, emotiva, vibrante, heroica, trágica, irónica, sarcástica,
picara, interesante, instructora, histórica,…, y que una vez leí la última página
tuve una sensación de inmensa tristeza mezclada con un cierto vacío.

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